Diarios

Ocurre casi siempre. La lectura de la sección política de los diarios en Argentina es desoladora. Es como un ejemplo de mala literatura, puede pasar cualquier cosa pero nunca se llega a la belleza. Los personajes van cambiando, pero siempre hay alguno que encarna la cotidianeidad de arruinarlo todo. Como en esas comedias baratas que se arman para el veraneo, los personajes entran y salen, se esconden para que otros (los ciudadanos) no los vean, se engañan, mienten y ponen cara de falsos pícaros, se casan y descasan. No es un juego, es una trampa. Todo, absolutamente todo, puede ser posible, sólo hay que esperar un ratito. Con un poco de paciencia el maldecido espectador se encontrará con la pobre sorpresa, con el escándalo vano.

Hoy, como aquella mañana en el Bar El Comercial, de la glorieta de Bilbao, en Madrid, (alguna vez terminaré de contar ese encuentro) descubrí que AMM tiene razón. Realmente hay algo de cierto en esa comunidad imaginada de la que me habló y su nota de hoy en Babelia tiene la fortaleza de una prueba irrefutable. Usando dos películas como ariete, Antonio descubre su mirada sensible sobre la política de un modo brutal y sencillo. Lo hace bajo el signo de una pregunta que también es común, ¿porqué no podemos hacer algunas cosas que otros si hacen?

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3 comentarios en “Diarios

  1. Gabi: me tomo el atrevimiento personal de pasar por acá citando un par de párrafos del buen artìculo del gran AMM:

    “En España hay muchas personas con esa capacidad doble de contemplación y cordialidad, de ensimismamiento apacible y trabajo serio y competente. Pero si es tan difícil que se hagan películas sobre ellas es porque son invisibles en el discurso público. Una clase política omnipotente y omnipresente ha usurpado todos los espacios de la vida cívica, imponiendo el sectarismo y el clientelismo por encima del mérito, la demagogia halagadora sobre cualquier sentido de la responsabilidad personal, el griterío y el sambenito partidista por encima de los debates verdaderos y prácticos sobre una realidad que sería menos grave si al menos aceptáramos mirarla con los ojos abiertos. Como el mérito, el esfuerzo, el trabajo apasionado, no sirven para ascender ni merecen reconocimiento público, los millones de personas que a pesar de todo hacen cada día escrupulosamente su tarea permanecen invisibles, y muchas veces han de pagar con la marginación y hasta el sarcasmo el ejercicio de su dignida”

    Creo que merece un exhaustivo cuidado su lectura para no malinterpretar sus palabras y extrapolar geografìas y temples polìticos caprichosamente, pero me da por pensar si lo que AMM relata como connotativo de España, no puede encontrarse en versiones incluso mucho más deleznables y patetistas por aquì mismo…yo lo creo así.

    Por otra parte, la usurpación de todo espacio público (en nuestro caso, amplificada en los dìas que corren a través de una supuesta cruzada contra el neoliberalismo canònico), me remonta a la clásica pregunta liberal-pragmatista que tanto Rorty como Rawls posibilitan: ¿es posible una separaciòn más o menos orgànica entre ambas esferas? ¿es posible una sociedad civil y algún tipo de lazo comunitario por fuera de la omnipotencia polìtica-clientelar?

    Desde ya, no espero respuestas a interrogantes que nos vienen ocupando desde hace demasiado y que, si se me permite, nos lastiman demasiado… (mejor pongamos nuestra atención en interrogantes algo más austeros).

    Un abrazo
    F

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  2. Uno de tus interrogantes me preocupa más que el resto. Preguntás…¿es posible una sociedad civil y algún tipo de lazo comunitario por fuera de la omnipotencia polìtica-clientelar?
    La verdad es que estoy seguro que si, tal vez en la Argentina de hoy, pero no encuentro ningún impedimento ni epistemológico ni político para que eso suceda. Casi te diría que su existencias abre las puertas a la salud de la democracia, de otro modo su herida es de muerte. Imaginemos por un momento una sociedad que no necesita la política para conversar y que no requiere del Estado para existir. A mi me parece excelente. Y si encima logramos que esas personas sean medianamente felices y dediquen un poco de su tiempo libre para mirar los asuntos públicos, vaya!
    La persistencia de la justificación del lazo social y la comunidad en términos de política clientelar supone que es deseable una sociedad de militantes. Y aquí creo que hay un punto muy fuerte. La política argentina, creo que por pereza intelectual apela a viejas soluciones para encarar los nuevos problemas y sucede lo que tiene que suceder, fracasa. A la evidente falta de solidaridad que vive la Argentina, a la indisimulable fractura que sufrimos como sociedad, los políticos argentinos, todos, los buenos y los malos, la quieren solucionar con “compromiso militante” con apelaciones del tipo “milito, luego existo” y claro, terminan por no hablarle a nadie. Nadie en su sano juicio se sentiría interpelado por esa enunciación. El lazo social y comunitario se genera por fuera de la política en la modernidad democrática, luego, con un poco de fortuna, queda la cosa pública para ejercitar de jeuves a domingo. Y los pragmatistas sabemos que está bien así, por más que en la práctica se nos hiele el alma por no poder intervenir todo lo que quisiéramos.

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