La inútil idea de militante

La relación entre el destino y la construcción de la propia vida es un tema político central. Una de las maneras en que podemos escapar de un destino prefijado es el de intentar por todos los medios no terminar hablando la lengua del que nos propone algo que no queremos. Casi estoy tentado a pensar que el pensamiento sobre la democracia podría ser simplificado en esta fórmula. Hay una pregunta, surgida en la discusión con los comentaristas de QUILT, que me ha estado rondando, generando una sensación tan molesta como difícil de ubicar. La pregunta es, analizando la escena política argentina, la siguiente, ¿Es posible una sociedad civil y algún tipo de lazo comunitario por fuera de la omnipotencia política-clientelar?

Mi respuesta es que sí y, aún más, no encuentro ningún impedimento ni epistemológico ni político para que eso suceda. Casi diría que la existencia de nuestra sociedad por fuera de esos lazos clientelares que el populismo nos presenta como un destino inevitable, abre las puertas a la salud de la democracia. A estas alturas, me parece prudente dejar de hablar el dialecto populista que no se avergüenza en resumir toda actividad social a la política. Pensar la política de modo exclusivista en términos de generación colectiva lleva a empequeñecer la idea misma de sociedad civil y, además, le genera a la propia práctica de la política un peso adicional que la vuelve contra sí misma y la asfixia. Imaginemos por un momento una sociedad que no necesita la política para conversar y que no requiere del Estado para existir. En lo que a mí respecta me parece excelente. Si encima logramos entre todos que esas personas sean medianamente felices y dediquen un poco de su tiempo libre para mirar los asuntos públicos, la vida de la democracia sólo puede mejorar.

La persistencia en la justificación del lazo social y la comunidad en términos de política clientelar prepara, a veces inadvertidamente, el camino para arribar a la idea de que es deseable una sociedad de militantes. Y aquí creo que hay un punto muy fuerte. La política argentina, las más de las veces por pereza intelectual, fracasa al apelar a viejas soluciones para encarar los nuevos problemas. A la evidente falta de solidaridad que vive la Argentina, a la indisimulable fractura que sufrimos como sociedad, los políticos argentinos, todos, los buenos y los malos, le responden con la necesidad de “compromiso militante” o con apelaciones del tipo “milito, luego existo”. Estos enunciado están destinados al vacío, muy poca gente se siente hoy interpelada por semejante invocación al renunciamiento subjetivo. En las sociedades abiertas el lazo social y comunitario se genera por fuera de la política. Estas formas asociativas, luego y con un poco de fortuna, se involucran con las cuestiones públicas bajo la fórmula rortyana, es decir, de jueves a domingo dejando el resto de la semana para ocuparse de sus asuntos privados. Y los pragmatistas sabemos que está bien así, por más que en la práctica se nos hiele el alma por no poder intervenir todo lo que quisiéramos.

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8 comentarios en “La inútil idea de militante

  1. Gabriel, me quedé con estas dos frases que toman el tema de la muy estrecha relación entre política y lazo social o entre política y clientelismo.
     
    “Casi diría que la existencia de nuestra sociedad por fuera de esos lazos clientelares que el populismo nos presenta como un destino inevitable, abre las puertas a la salud de la democracia”.
    “En las sociedades abiertas el lazo social y comunitario se genera por fuera de la política”.
     
    Creo que lo mejor para entender estos temas seria remontarse a la fundación misma del Estado liberal argentino y sus consecuencias en el sistema político.
     
    La democracia liberal en nuestras pampas necesitaba de 3 actores claves para que la maquinaria electoral funcionase : punteros, caudillos y “doctores”
    El puntero tenía un perímetro de 2/3 cuadras; el caudillo reagrupaba cierto número de punteros. Estos caudillos le respondían a su “doctor” que ocupaba una banca en el congreso.
     
    La democracia liberal trataba las demandas que emergían en modo diferencial. En otros términos menos solemnes podríamos decir que había que recurrir al puntero para conseguir una cama de hospital a cambio del voto.
    La Argentina liberal pudo financiar esas maquinarias (punteros, caudillos, ..) sin mayor dificultad hasta la crisis del 30’ gracias a la renta del modelo agroexportador.
    Este modelo de muy poca vocación industrialista excluía a una parte no menor de los argentinos y los condenaba a la anomia. (sobre todo por fuera de la pampa gringa).
     
    Después de la crisis del 30’, bajan los precios de las materias primas y el sistema institucional se encuentra en la incapacidad de tratar las demandas insatisfechas de la población. La maquinaria liberal se oxida y se crea un clima prepopulista.
     
    Cuando no esta en el poder, el populismo se encuntra en la situación de tener que representar a una sociedad anomica y altamente desestructurada. Por consiguiente además de representarla debe ORGANIZARLA : comedores, bibliotecas barriales, clubes de futbol, etc … (lo que se dice un lazo social por dentro de la política).
     
    Con Perón llega una lógica distinta a la liberal : el tratamiento en modo equivalencial de esas demandas insatisfechas. En otros términos menos solemnes; si millones de argentinos no consiguen camas en hospitales; se lanza una política hospitalaria como la de Ramon Carrillo.  De esta manera el puntero pierde razón de ser.
     
    En síntesis, el liberalismo argentino tiene mas que ver con las causas del clientelismo que con sus soluciones.

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  2. Felipe, te agradezco mucho la clase de historia argentina. Sos un visitante ilustre y habitual de QUILT y debería ser yo aún mas pobre en las argumentaciones de lo que soy para que no se advirtiera que mis preocupaciones están más vinculadas con el futuro que con el pasado. Es en ese sentido que hay que leer esta y las otras notas de quilt. Si se trata de ser tributario de la tradición liberal Argentina, lo soy sólo en parte, en breves episodios Alberdianos y Sarmientinos y en el componente liberal de ciertas expresiones del radicalismo, despúes, pará de contar. No tengo nada que defender salvo el futuro, Dicho esto, creo que la discusiónd esde hace rato es entre populismo y democracia y allí me posicino claramente en los componentes, no la totalidad, de la dimensión liberal de la democracia. Me resulta casi una ofensa intelectual que en la Argentina, con tal de evitar la discusión con el liberalismo, se apele permanentemente a dilaciones conceptuales. Asi vamos, si a casi todos les parece bien, lo único que tengo para contestar son mis preferencias.

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  3. “El cambio es un fenómeno que se manifiesta en todo, y en nada con más evidencia que en los asuntos humanos”. Con estas palabras, Sidney Hook, buscó salir del determinismo económico. Deberíamos nosotros salir de la historia, desarrollando el jamesiano “carácter agresivo”. Aunque casi nadie quiera escucharnos.

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  4. Ah, bueh. Ahora a la ampliación de derechos sociales se la llama omnipotencia (¿De verdad? ¿Omnipotencia? Se fuma carrioismo concentrado en este blog?) polítco-clientelar? Porque asumo que cuando hablás de clientelismo te referís a cosas como la AUH, verdad?
    Y si nadie quiere escucharlos, debe ser porque nadie desea hablar su lenguaje.

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  5. Mi nombre es Yamila y curse con usted teoría sociológica. Este articulo me hace acordar a una discusión que se genero en una de sus clases en la facultad sobre la participación y militancia política. Yo creo que el clientelismo funciona, se desarrolla y va mutando según las circunstancias porque la relación entre el Estado y la sociedad civil cada vez es mas precaria, en los espacios que deja el Estado (obviamente, a través de sus funcionarios) librados al sistema, es decir, la falta de respuestas a las demandas que hace la clase baja, fundamentalmente, estas demandas son “evacuadas” por los “punteros” como una nueva clase “política” manejada por el gobierno de turno y aquí surge la gran confusión que se tiene entre lo que es el Estado y un Gobierno o un partido político gobernando un país. Yo estoy convencida que para revertir esta situación es necesario que se genere un proceso de descentralización del Estado, en donde se le de a lxs ciudadanxs espacios legítimos para discutir, debatir, generar ideas y políticas para solucionar esos problemas. En síntesis mas participación y educación, pero que sea el Estado el que brinde esos espacios.

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  6. Muy buena nota, Gabriel. Me voy a permitir decir un par de cosas.

    Creo que la idea de que la única amalgama de una comunidad es la política no necesariamente va de la mano con el clientelismo. Como bien lo sostiene Felipe, el clientelismo está lejos de ser un monopolio del llamado populismo, aunque por cierto me resulta imposible compartir la idea contraria y, con perdón, algo ingenua de Felipe, según la cual el llamado populismo no utiliza el clientelismo. Citar justamente al plan Carrillo, que fue un rotundo fracaso, es una prueba de que se toma la historia con cierta ligereza, ta vez pueda conocer algo de eso leyendo los estudios de Susana Belmartino al respecto, entre varios otros disponibles por cierto..
    Me temo que clientelismo y concepción de la comunidad son problemas de órdenes bien diferentes, y esto lo creo cierto para el día de hoy, como para el pasado.
    En ese sentido, resulta muy difícil entender como es posible considerar a la llamada democracia liberal tal como aquí se expone por parte de Felipe. Las dos ideas comunidad fundada en la sociedad civil o comunidad fundada en la política, han sido inventadas por el liberalismo desde el XVIII y ampliamente desarrolladas, incluso en términos de lenguajes políticos, durante el XIX. Mitre en este sentido específico se parece lo que llaman populismo, es decir, cree firmemente que la comunidad es constituida en el plano de la política; Roca o Alberdi, por supuesto, no creen eso. Ni el populismo como supuesto fenómeno específico, ni menos aún como categoría analítica agregan nada a este viejo problema que se plantea en rigor una vez que se define la noción de individuo moderna y es necesario pensar la comunidad a partir de él. Es el muy liberal concepto de individuo el que disparar este debate y las concepciones organicistas del siglo XX (más o menos conservadoras) que han roto con esta idea de individuo en cambio han innovado poco al respecto de los fundamentos de la comunidad.
    El problema es que aquellos que hablan del liberalismo, rara vez han leído a liberales, sino más bien a sus críticos del siglo XX o, si lo han hecho, las visiones de estos críticos iluminan todas esas lecturas lo cual epistemológicamente hablando, es como estudiar a la URSS basándose en los informes de la CIA… un disparate.
    Aún sin clientelismo, la idea de una sociedad de militantes es aberrante porque remite a una sociedad totalitaria: no hace falta el clientelismo para que sea un horror. Pero, como bien dice Gabriel al considerarla “inútil”, en el fondo no deja de ser una distopía: una sociedad concreta de militantes no existe y por lo general su uso no describe sino a una minoría oligárquica que ejerce el poder en nombre de alguna causa irredenta e intentado asfixiar a la sociedad civil, pero nunca destruyéndola. No lo pudo hacer la oligarquía gobernante en el régimen comunista ruso, a pesar de contar con años, violencia y dominio absoluto del aparato del estado y de imágenes, lenguajes e ideas… La realidad tiene la persistente tendencia a imponerse, tarde o temprano, por sobre cualquier sueño totalitario. La única verdad es la realidad.

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