Camino a las PASO

Esta nota fue publicada por Bastión Digital el jueves 11 de julio. Pueden ver allí la edición original y, además, visitar un gran agregador y un sitio de una producción propia hermosa y siempre en mejora.


En tiempos electorales, de cierres de listas e intentos de conformación de liderazgos es difícil sorprender al lector. La política se hace previsible, se desnuda en la búsqueda del poder y el trazo grueso domina la escena mostrando menos de lo que oculta.

Para el escritor político, la sospecha del aburrimiento y la obviedad se impone con demasiada fuerza. “Cuando dudes, pon un hombre cruzando una puerta con un revolver en la mano”, sugería Raymond Chandler para estos casos. Mi hombre con un revolver es proyectar una de escenarios.

La política argentina ofrece pocos datos duros. Uno de los más persistentes es su resistencia a la novedad. El escenario para las próximas primarias de agosto es una muestra más de esa resistencia pero, a diferencia de otros momentos electorales menos atractivos, ofrece algunas particularidades interesantes. Lo mejor es enemigo de lo bueno, tratemos entonces de analizar un poco este sendero que va entre la novedad y la particularidad.

La nota “novedosa” de esta elección es Sergio Massa. El intendente de Tigre tiene apenas un poco más de 40 años, pero podría tener 63 y nadie advertiría la diferencia. Cuando expone sus ideas se disipan todas las dudas. Su curiosidad intelectual es tan elemental como la de la mayoría de los dirigentes políticos y su compromiso con alguna posición que permita ver qué tipo de sociedad desea es prácticamente inaudible. Definitivamente, la novedad no nos regala nada nuevo.

Lo particular de esta elección es que algunas fuerzas políticas hicieron lo que la racionalidad política indicaba mientras que otros, le tomo la frase a Gustavo Noriega, eligieron pegarse un tiro en el pie.

Más allá de la estima que tengamos hacia la categoría, las fuerzas que se ven a sí mismas como “progresistas” se condujeron siguiendo un guion aceptable. Luego de varios intentos por tensionar esa lógica hacia distintos tipos de conservadurismo, decidieron actuar en conjunto y presentarse a la ciudadanía como una opción. En un mismo movimiento, la UCR, el socialismo, lo que queda de la Coalición Cívica liderada por Carrió, el GEN y fuerzas más cercanas al populismo tradicional como Libres del Sur y Proyecto Sur armaron una coalición electoral competitiva y razonablemente coherente y dejaron fuera de ese mosaico a personajes y agrupaciones menos flexibles o más preocupadas por destinos personales.

Con matices marcados, con diferencias fuertes en cada distrito, este acuerdo se parece bastante a su propia narración, y eso sólo ya merece cierto destaque. Por una vez, hicieron lo que tenían que hacer. El resultado está regado de cuestiones que sus propios integrantes no pueden controlar, pero no se puede alegar torpeza, insisto, en el marco de su propia imaginación política.

Lo mejor que ofrece este frente aparece en la Ciudad de Buenos Aires donde la interpretación de las PASO permite una competencia interesante y virtuosa que devuelve capacidad de elección a la ciudadanía. Los votantes porteños podrán mejorar la oferta electoral del frente, corregir lo que crean conveniente y darle a esa lista un mayor vigor a partir de agosto y camino a octubre. 

Lamentablemente, la virtud de las primarias se pierde en otros distritos relevantes, pero aún sin este condimento, las listas en otros distritos importantes guardan coherencia interna y no aparecen como un salto al vacío. Tal vez el  desafío más fuerte que tiene este frente es el de la institucionalización. Nadie puede asegurar con certeza que los resultados de agosto no dañen el armazón original de la coalición, pero si bien eso es cierto, al menos la ciudadanía contará con una herramienta política mejorada por su propia intervención.

Más desconcertante es lo de PRO. El otro costado de la oposición al kirchnerismo tomó una serie de decisiones difíciles de entender. La más fuerte es la impericia con la que manejó la articulación política en la provincia de Buenos Aires. La decisión de no participar con claridad de la elección en el distrito más relevante de la argentina es inentendible, sobre todo si se tienen ambiciones presidenciales. Peor aún, una serie de equívocos públicos tragicómicos llevan a que nadie sepa si el PRO está dentro del massismo, si el PRO es opositor al massismo o si esta es una diferencia irrelevante.

En superficie, aflora la tensión entre las estrategias personales de Macri y las de un partido político con ambiciones nacionales y necesidades electorales concretas. Evidentemente, aún las primeras son las más potentes y se sobreimprimen a la necesidad de crecimiento y dinamismo de un partido nuevo y con responsabilidades de gobierno como el PRO. Evidentemente, alguien sugirió y muchos le creyeron, que participar o no de las elecciones en el territorio que reúne el 38% del electorado no conmueve las intenciones presidenciales de Mauricio Macri.

El cuadro empeora cuando se mira la oferta en la Ciudad de Buenos Aires por un lado y la aparición de una opción prolija del peronismo en la propia provincia de Buenos Aires. Con Michetti errática y difusa en los medios y desangelada en relación con elecciones anteriores, con un primer candidato a diputado con fuerte presencia social pero con una clara dificultad de politización, el PRO, sin Macri jugando electoralmente, se recuesta sobre inauguraciones y gestión apurada antes de las primarias. En octubre competirá contra una lista de diputados del Frente Progresista Cívico y Social reforzada por la participación casi en exclusivo en las PASO.

Las elecciones de este año preparan la sucesión presidencial. Terminado el ciclo del kirchnerismo, la sucesión está abierta y el comportamiento de las diferentes opciones políticas en estas elecciones de medio término no es un dato menor.

El PRO puede convertirse en una rareza de esas que son típicas en la política argentina. Un caso único de desperdicio de oportunidades políticas. De qué otro modo podría pensarse que teniendo por casi diez años el monopolio casi exclusivo de la condición opositora termine sin poder competir o haciéndolo en condiciones de inferioridad?
Por el lado del FPCyS, la oferta para el 2015 es heterogénea. Binner querrá revalidar su condición de líder regional, lo mismo que Cobos si triunfa en Mendoza. Las ambiciones de Sanz están allí, intactas desde su despacho en el Senado y si este año llega al recinto Rodolfo Terragno, difícilmente no se tiente con una última oportunidad.

Para los que creemos que el problema de la política argentina es el peronismo, cómo ganarle una elección y cómo gobernar bien, estos datos no son menores. Sociológica y concretamente derrotadas las ambiciones de novedad, la aspiración se reduce a hacer las cosas bien y a no espantar a la ciudadanía con propuestas ilegibles.

Es poco, pero es mucho más que pensar en la eternidad de las incompetencias del proyecto kirchnerista. A diferencia del populismo, que es una oferta cerrada, provinciana y a su modo perfecta, una experiencia democrática se puede mejorar. En un escenario como el actual, una primaria presidencial de toda la oposición no peronista ayudaría bastante.
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