Los crisantemos coreanos

 

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Me levanté temprano hoy, demasiado temprano entre la tos de Isabella y mi histórica imposibilidad de dormir más de un par de horas como la gente normal.

Leí los diarios y recomendé notas. Isabella se volvió a despertar y la volví a a dormir.Me preparé unos mates.

Transcribí el poema que tanto me había gustado ayer cuando lo leí, y no sabía qué hacer. Se me ocurrió ponerlo acá, que es donde están algunas de las cosas que más quiero. Disfrútenlo tranquilos, en silencio y en calma, creo que no hay mucho más.

Los crisantemos coreanos

acá en este jardín

son enormes y como margaritas

(¿por qué no? ¿no es el margaritón un crisantemo?),

arbustivos y de tallo grueso,

las hojas hacia arriba

apuntan al pedúnculo del que

surgen las flores en

forma de sol. Me encanta

este jardín en todos sus humores,

aun bajo su capa invernal

de yerba de sal, o ahora,

en octubre, cuando no queda

más que la mitad: aquí

una rosa, allí una mata

de acónitos. Esta mañana

uno de los perros mató

una lechuza. Bob vio

cuando pasó, trató de intervenir. El airedale

le partió el cuello y la dejo

ahí tirada. Ahora el ave

está enterrada junto a un

manzano. Ayer vimos desde la mesa

al búho, inmenso en el crepúsculo,

volando en círculos por encima del campo

con silenciosas alas de búho.

el primero que se haya

visto por aquí: ahora ya no está,

no es más que un sueño recordado.

Los perros ladran. En el estudio suena música

y Bob y Darragh pintan.

Yo garabateo en una

libretita en una mesa del jardín,

con una camisa demasiado gruesa

para el sol de mediados de octubre

hacia el que miran todos los

crisantemos coreanos. Tengo

al lado un libro soso,

un corazón de manzana, cigarrillos,

un cenicero. Detrás de mí florece

la ruda que le regalé a Bob.

Luz sobre las hojas,

tanto para ver, y

lo único que veo en realidad es ese

búho, su volumen perturbando

el crepúsculo. Pronto

voy a olvidarlo: ¿qué hay que no haya olvidado?

O que algún día no vaya a olvidar:

este jardín, la brisa

en calma, incluso

las palabras, crisantemos coreanos.

 

                                                                                                                                                    James Schuyler

Una ciudad blanca, ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2012

 

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