Las PASO en el espejo de la ciudad

Una sección de esta nota salió editada en el diario Clarín el martes 28 de abril de 2015

Las elecciones del domingo 26 de abril, las primeras en las que se utilizó el sistema de primarias a nivel local, dejan algunas reflexiones interesantes desde el punto de vista de la propia campaña y desde una aproximación estrictamente política. A la reconocida capacidad de amplificación que habitualmente tiene lo que sucede en la ciudad, se le sumó el hecho de ser el territorio político del principal opositor del gobierno nacional.

En términos de campaña política, estas últimas PASO en la Ciudad de Buenos Aires fueron una elección como todas las demás. Fue una campaña en la que ninguna fuerza se destacó ni por su originalidad ni por su potencia enunciativa. Una campaña sin demasiados matices, con candidatos demasiado esquemáticos y sujetos a estrategias bien armadas desde lo conceptual pero bastante conservadoras desde el punto de vista político. Nadie se salió del libreto y eso lleva la mirada hacia las opciones de mayor relevancia política.

Comencemos por un problema general. La política argentina no logra resolver como trabajar la cuestión de la campaña negativa en las instancias de las PASO. Nuestra cultura política aún no ha descifrado el difícil arte de despegarse del adversario sin lastimar lo que él puede aportar y sin ofender exageradamente al votante común.

Dentro de las PASO del PRO, marcada por la auto-referencialidad y con los candidatos más preocupados por estar cerca de Macri que de los votantes, la campaña se mantuvo dentro de esquemas tradicionales. El momento de mayor osadía estuvo en dos spots de Gabriela Michetti en los cuales se esbozó una estrategia de campaña negativa basada en las fortalezas y debilidades de las trayectorias y características de los candidatos. Luego de ese breve paréntesis, la campaña volvió a los caminos canónicos y las críticas de Michetti sobre Larreta pasaron a ser temáticas y no personales. El tema del juego por arriba y la cuestión de los manteros por abajo fueron los tópicos que Michetti exploró para diferenciarse de un Larreta que tuvo como estrategia exclusiva ser el hombre de Macri y el responsable de un equipo exitoso.

En ECO, la única campaña fue la de Lousteau. Aquí, el mayor problema fue político más que técnico o de estrategia. Debía diferenciarse de una gestión a la que no pudo reprochar demasiado y por el otro necesitó buscar la manera de distanciarse de una administración percibida como exitosa y frente a la que nunca consiguió marcar diferencias notables. La idea de evolución a la que se apeló tal vez reflejaba estas complejidades mucho mejor de lo que lograba resolverlas. Un dato no menor para explicar en parte esta dificultad es que ECO competía frente al PRO en el mismo momento en que la UCR y la Coalición Cívica llegaron a un acuerdo político nacional con el PRO. Por otro lado, la primaria de ECO nunca fue vista como competitiva, por lo que tampoco pudo sumar desde ese costado.

Por último, me parece importante marcar algunos aspectos de las campañas que encontraron en las PASO del domingo un lugar de fuerte confirmación. Los debates televisivos no parecieron ser demasiado útiles, al menos con este formato y esta metodología, en las instancias de primarias. En el mismo sentido, el papel de las consultoras continúa siendo un interrogante. Las diferencias en las encuestas publicadas en los medios las colocaron mucho más en el lugar de la operación política que en el de los estudios de opinión.

Es interesante comparar el rol de las consultoras con una herramienta como Google Trends. Una visita a esa plataforma el sábado a la noche mostraba una diferencia muy importante a favor de Rodríguez Larreta frente a Gabriela Michetti. Esta plataforma solo refleja búsquedas en internet,  pero tal vez deberíamos preguntarnos dónde se expresa la opinión pública en esta parte del siglo XXI.

Desde el punto de vista estrictamente político, un hecho se recortó por sobre el resto y marcó la elección. Cuando Macri decidió apoyar tan abiertamente a Horacio Rodriguez Larreta puso en juego su propio liderazgo. El resultado, con la amplitud a favor de Larreta, muestra dos cosas. Los porteños quieren a Macri como su líder político – lo que lo consolida a nivel nacional- y apoyan la gestión del PRO de un modo contundente. Resulta bastante sugestivo pensar que el electorado al que se le supone mayores niveles de sofisticación replica modelos de fuerte enraizamiento histórico y político al momento de decidir los liderazgos, inclinándose por conducciones fuertes y por rasgos marcados de paternalismo.

El otro ganador de estas PASO fue Martín Lousteau. Realizó una gran elección, dejando muy atrás a Graciela Ocaña y quedando muy cerca de Gabriela Michetti. Esta buena perfomance parece indicar que la ciudadanía porteña indultó al ex ministro de economía por su paso en el gobierno nacional y que nace una figura política con una gran posibilidad de desarrollo y evolución. De hecho, la candidatura a jefe de gobierno de Lousteau parece ser la que cuenta con mayores posibilidades de crecimiento en las generales del 5 de Julio próximo, pudiendo cosechar votos tanto del universo de electores PRO como del FPV.

El gran perdedor de esta elección es el FPV y, por añadidura, el gobierno nacional. Si bien es cierto que la Ciudad de Buenos Aires es un distrito esquivo para el kirchnerismo, el resultado fue peor de lo esperado. El frente, sumando a todos sus postulantes, no alcanzó el piso reconocido del peronismo en la ciudad que ronda el 20%. Pero además, la candidatura de Mariano Recalde, bendecida por la presidente y representante del peronismo puro, perdió casi 10 puntos en relación con las también perdidosas participaciones lectorales de Daniel Filmus. El FPV tiene un problema adicional; el piso y el techo de sus posibilidades electorales están muy cerca y es la fuerza con menos posibilidades de crecimiento de aquí a las generales.

La elección deja, por cierto, algunos datos políticos destacables. Gustavo Vera, que en la última elección encabezó la lista de legisladores de Unen bajo el padrinazgo de Carrió, pasó a cosechar el 0.6% de los votos. Humberto Tumini, hasta hace poco hacedor del frente Unen, probó que cuenta con el 0.2% de legitimidad al momento de afrontar una elección. Los actores residuales de Unen, ganador de las anteriores PASO nacionales en la CABA, desaparecieron del escenario electoral una vez retirados su referentes importantes.

La elección del domingo no fue una elección cualquiera. La interrelación con el escenario nacional de octubre lo vuelve complejo y atractivo. Algunas de las fuerzas en competencia local irán unidas a nivel nacional, tal y como lo fueron en otras provincias con resultados disímiles. El acuerdo entre la UCR y el PRO ganó en Mendoza, pero no le fue nada bien en Neuquén. En los números duros, casi un 70% de los electores porteños votaron en contra del gobierno nacional. Pero los comportamientos electorales no son automáticos y todo dependerá de lo que puedan construir los actores políticos de aquí a las generales nacionales.

Anuncios

Superar el peronismo

peron pop

 

Esta nota fue publicada en la edición del mes de abril del portal Escenarios Alternativos

Entre 1940 y 1950, algunos países de nuestra parte del mundo vivieron un proceso político lo suficientemente homogéneo como para poder ser situado en la historia y en la teoría social como un caso típico de incorporación de las masas a la vida pública. Argentina, Brasil, Perú y Chile, con sus diferencias, tuvieron años de inclusión populista encabezados por movimientos nacional-populares con un fuerte apoyo de los sectores más pobres. En casi todos los casos, la historia y la política guardan un lugar para esas tradiciones pero han sido superadas por el paso del tiempo, la actualización generacional de las élites y la adecuación de las democracias a modelos globales.

En Argentina, sin embargo, la omnipresencia política y cultural del peronismo continúa siendo el dato relevante de la vida nacional. En alguna medida, parece que nunca hubiéramos podido resolver la salida de la Segunda Guerra Mundial diciendo en voz alta que el fascismo está mal, y nos hubiéramos enredado para siempre en una urdimbre pegajosa que nos fija en una suerte de pre-modernidad democrática.

No parece probable escuchar de un dirigente político importante del Perú de hoy la frase: “Debemos acordar con el hayadelatorrismo, de lo contrario, todo será más difícil”. No imagino a Renan Calheiros abrir las sesiones implorando la comprensión del varguismo para solucionar los problemas de Brasil.

En Argentina, sin embargo, y contra toda evidencia, muchos creen en la inexorabilidad del peronismo. Las distintas versiones de esta capitulación intelectual no reconocen ni partidos ni dirigentes. Bajo un espectral símbolo de gobernabilidad, casi la totalidad de los actores políticos argentinos invocan al peronismo como una hipotética fuente de soluciones y autorizaciones públicas

La correspondencia entre peronismo y gobernabilidad expresada de forma recurrente en estos tiempos particularmente difíciles de la vida argentina, resuena todavía más con una suerte de exabrupto. Se llega, incluso, a utilizar alguna de esas dificultades como legitimadoras. La muerte del Fiscal Nisman, por ejemplo, es utilizada para sostener esta afirmación en lugar de usarla para discutir a los que, de una u otra manera, son responsables.

En la inexorabilidad de la gobernabilidad peronista vive la derrota de la democracia argentina. Al menos la de un tipo de democracia, más vinculado con las formas liberales, que respete los espacios privados y que no pretenda politizarlo todo y bajo formas institucionales no invasivas. En definitiva, una sociedad abierta y pluralista en la que Estado, gobierno y ciudadanía sean categorías distintas con experiencias diferentes.

Si bien la política argentina está lejos de ser un vergel, las responsabilidades del peronismo en el actual estado de cosas de nuestra democracia no pueden ser menospreciadas. Dentro de un atado de dificultades que llevan su sello, hay uno que se destaca por su peligrosidad. El peronismo tiene una tendencia constante a re-escenificar el vínculo entre la violencia ejercida contra los cuerpos y la política. Esta violencia tiene grados y temperamentos diferentes, pero es una constante histórica tan presente en el peronismo que desatenderla resulta torpe, irresponsable y peligroso.

Las formas de la violencia política son muchas. Puede pensarse en la búsqueda de cercar voces cerrando diarios, en la cárcel para los opositores o en las estrategias antidemocráticas de construcción de una sociedad unánime y sin matices. Puede tomar la forma del setentismo, de la exclusión social o del personalismo que niega la palabra y la acción de otros. Puede expresarse en la retórica de un gobierno que guerrea contra un medio de comunicación o que se burla desde las redes sociales de un quinto del mundo. La misma violencia que aparece en las reacciones del gobierno frente al asesinato de Nisman y en la simbólica desaparición de sus hijas en el discurso del gobierno.

Es la misma violencia argumentativa y práctica que se utiliza para descalificar la marcha del 18 de febrero y la que se usó para mostrar a una lastimosa presidente en silla de ruedas cuando era perfectamente evitable.

Es la violencia de arrebatarle el sentido a las palabras y de sustituir actores y tergiversar biografías para que encajen en las hipótesis épicas (siempre violentas) del peronismo kirchnerista.

Miremos los héroes del peronismo y veremos violencia; repasemos la historia y encontraremos las mil formas de justificar la violencia política como forma de resolver los problemas de la vida pública.

La inevitabilidad del peronismo no es propiedad de la esfera política. Esa fantasía anida con la misma fuerza en la élite empresarial, en el periodismo y en grupos de jóvenes doctorandos que se unen en la búsqueda del peronismo bueno que aparecerá mágicamente al explorar los límites de nuestra periférica democracia.

Los que queremos otra sociedad pareciera que no tenemos chance con el peronismo. O nos vamos o trabajamos desde lo que hacemos para superar al peronismo en medio de un país que se obstina en sostenerlo. El aporte que podemos hacer es el de colaborar en la tan improbable como necesaria tarea de abrir la posibilidad de superar al peronismo en la vida política argentina. Esta idea de superación no se agota en el mero hecho de ganarle una elección y desplazarlo del gobierno. Se trata de otra cosa, más amplia y mucho más compleja. Desandar el esquema cultural que el peronismo le transfirió a la democracia argentina es mucho más difícil que cambiar los nombres al frente de los ministerios y las secretarías de Estado. Es cambiar la lógica de relacionamiento entre las personas y la política construyendo una forma estatal que no se interponga en el diseño de nuestra biografía.

Superar al peronismo es reconocer la voz pública de los demás sin ejercer ningún tipo de violencia. Es encontrar la forma de restaurar la herida social de la despersonalización clientelar y sustituirla por el reconocimiento de la individualidad y su capacidad creativa. La posibilidad de superar al peronismo incluye un trabajo fuerte para evitar el personalismo y por hacer jugar categorías no visitadas y convertirlas en ordinales en el terreno de la práctica. Superar al peronismo es hacer de esto un lugar normal, un sitio en donde no pueda pasar cualquier cosa en nuestra cara y le tengamos que dar crédito porque vivimos en una perpetua sensación de incredulidad.

Al peronismo se le puede ganar, pero superar al peronismo en la política argentina es mucho más que eso. Cuando se le ganó fue porque se le propuso a la ciudadanía algo mejor, alejado de la violencia y lo suficientemente plural como para convocar a la mayoría. Este año es el más importante de nuestras vidas públicas, no es negocio plegarse a la costumbre de perder oportunidades.

Hay que escribir, dibujar y mezclar todo lo sea necesario para formar parte de una experiencia de gobierno decente, abierto, prudente y liberal que nos dé la posibilidad de ir dejando atrás al peronismo. Dejarlo anclado definitivamente en la historia mientras los mejores se dedican a restaurar, a pasar el ungüento suave y hospitalario de la libertad sobre las heridas que todos estos años habrá dejado la violencia sobre nuestros cuerpos.

Ideas y consecuencias

incendios

La modernidad nos ha acostumbrado a separar ideas de acciones. Esto impide, muchas veces, reconocer el vínculo íntimo que existe entre las ideas y las formas sociales concretas.

De algunos hechos sucedidos en las últimas semanas se pueden extraer algunos ejemplos que sirven para ilustrar de qué manera ideas diferentes generan sociedades distintas, con comportamientos y actitudes incomparables.

Entre mediados de febrero y principios de marzo, dos provincias argentinas, Córdoba y Chubut, se vieron en medio de desastres naturales de una magnitud muy importante. Las inundaciones en Córdoba dejaron a varias ciudades bajo el agua y a más de 2.000 personas sin vivienda. En Chubut, un incendio forestal transformo 35.000 hectáreas de bosque en un gran desierto de ceniza y una gran cantidad de animales calcinados.

Mientras tanto, en la noche del 2 de marzo se desencadenó un incendio en una residencia universitaria de mujeres del Barnard College de la Universidad de Columbia en Nueva York. El fuego empezó en el sótano, pero rápidamente el fuego tomó las habitaciones, obligando a evacuar a cientos de estudiantes.

Está claro que las situaciones revisten una gravedad distinta y no son homologables, pero ver actitudes, reflejos colectivos y reacciones puede servir para pensar sobre nuestro problema inicial.

¿Qué pasó en Argentina?

Luego del inicial y constante momento de desconcierto, las autoridades de las áreas específicas se pusieron a hacer su trabajo e intentaron coordinar a las diferentes instancias estatales para tratar de mitigar las consecuencias del incidente. Inmediatamente, los medios y la ciudadanía posaron su mirada sobre la gestión estatal y criticaron su ineficacia. Comenzaron a llegar ataques desde todos los sectores hacia la acción del Estado y se hicieron denuncias periodísticas que alcanzaron, incluso, al gobierno nacional y una supuesta compra falsa de aviones hidrantes. No faltaron, obviamente, los discursos ampulosos de políticos y candidatos que dejaron muy en claro, como la última y la anteúltima vez, que la razón de ser de su vida pública era el bienestar de la gente. Las declaraciones y las demandas tomaron al Estado como único referente de acción y lo constituyeron en el más importante medio de acción colectiva imaginable, incluso en el único. La mirada se posicionó sobre el Estado al buscar soluciones, al igual que lo hicieron las críticas cuando no llegaron los resultados esperados..

¿Qué pasó en Estados Unidos?

Defensa civil y el Departamento de Bomberos iniciaron sus trabajos inmediatamente, ayudando a apagar el incendio. ¿Cuál fue la respuesta de la colectividad? A poco más de dos horas de iniciarse el siniestro, se organizó por internet un microsite en donde se ofreció alojamiento a los estudiantes damnificados. Inmediatamente se armó un google doc en que se colocó toda la información de contacto y las disponibilidades para que quienes lo necesitaran pudieran conectarse directamente con las personas que ofrecían sus viviendas de modo temporario. En una hora, más de 200 personas se unieron a este documento colectivo para dejar sus datos y ponerse a disposición en aquella situación de emergencia. Sin el concurso del Estado, por puro reflejo asociacionista, la comunidad de Nueva York desplegó un esquema de acción colectiva, vigorosamente democrático, que ayudó en la solución de un problema puntual.
Como señalábamos al inicio, las ideas tienen consecuencias. El reflejo inicial de las sociedades corporativas es el del reclamo hacia el Estado. En países como la Argentina, en donde el Estado es omnipresente y en donde la ciudadanía se construye y se ejerce alrededor de la figura de la estatalidad, todos esperan la llegada de la solución por la vía de esa externalidad. La imposibilidad por romper esa matriz cultural arroja a las sociedades a una suerte de contradicción fundamental. Tanto el objeto de toda crítica como el salvador es el mismo sujeto-objeto Estado. Esto se agiganta en procesos populistas, donde la narrativa de la estatalidad toma incluso temperamentos literarios y en donde el Estado aparece convertido en un personaje. El espejo de esta ultra presencia estatal es la falta de cultura de la asociación y su consecuencia es la pérdida de oportunidades para solucionar problemas por la vía del empoderamiento de la sociedad civil.

En sociedades liberales, en cambio, el peso de la responsabilidad es distinto. Está claro que no deja de existir el Estado, pero las formas sociales más individualistas tienden a asociarse para hacer frente a los problemas sin esperar la acción estatal. Este asociacionismo, ocasional y efectivo, permite relacionarse con las dificultades de un modo más veloz, más ágil y menos burocrático. No intenta construir identidades con narrativas totalizantes ni excluyentes, se conforma con una breve institucionalidad práctica que ayuda a resolver los temas.

El sentido común de la sociedad argentina es, fundamentalmente, iliberal y por eso antinorteamericano. Por lo general se acusa a lo americano de egoísta, interesado y utilitario. La crítica es, fundamentalmente, hacia el individualismo. Una muestra interesante de esto fue, en su momento, la declaración del integrante de La Cámpora José Ottavis quién, es su primera visita a la ciudad de New York se animó a decir, con el aplomo de un crítico de la cultura, que en Manhatann  no existe la gauchada.

La política es terreno fértil para las paradojas. La sociedad americana es claramente individualista y utilitarista, pero eso, lejos de hacerla insensible al dolor ajeno, la hace más consciente de su papel y de su responsabilidad. Argentina, por su parte, se precia casi culturalmente de ser un lugar de personas amigables y su definición política exclusiva involucra siempre a la solidaridad como un valor desde el punto de vista discursivo, aún cuando es poco frecuente observarlo en la dimensión práctica.

La liberal sociedad americana construye ciudadanía mientras resuelve asociativamente los desafíos mientras la gauchita y solidaria Argentina se contenta con narrarlos hasta el infinito sin resolverlos nunca.

 

 

 

Acuerdo UCR-PRO, una oportunidad

5504d25485141_crop

 Esta nota salió originalmente publicada en la sección Debates del diario Clarín del 30 de marzo de 2015

Los escenarios políticos en Argentina son cualquier cosa menos previsibles. Lamentablemente, no hemos alcanzado aún ese desarrollado aburrimiento de las democracias consolidadas. Una foto, un gesto, una intervención imaginativa en las redes sociales, pueden causar un cimbronazo y modificar el contexto. El resultado de la convención radical ha modificado la escena, con una decisión que también está fundada en ideas. La voluntad de este acuerdo político es terminar con el ciclo populista y anteponer la democracia a cualquier narrativa específica, planteándose desde una perspectiva pluralista.

El desafío abierto es el de construir los anticuerpos para moderar las tentaciones populistas –verdadera marca cultural de la política argentina- y actuar de modo liberal y republicano. Más allá del resultado electoral, el acuerdo no populista deberá tener la sensibilidad y el talento como para construir el barco al mismo tiempo en que se navega.

El reconocimiento de esta complejidad es, también, el de la hermosa oportunidad de experimentación que un acuerdo de este tipo propone.

Un nuevo ciclo puede abrir una oportunidad para modernizar el sistema político argentino. La reciente coalición se formula desde la crítica institucional, y por lo tanto, ese debería ser el eje de su construcción identitaria Un proyecto que se cimenta desde lo institucional se coloca a sí mismo en un lugar de originalidad, aún hoy, cuando ya han pasado treinta años de ejercicio democrático. La ciudadanía estará mirando con atención lo que se haga para dibujar una institucionalidad mejorada. Si lo que se plantea es la novedad sería deseable que la fuerza política que encarne ese cambio sea la primera en someterse a los desafíos que platea una institucionalidad distinta.

Lo que aparece como estrictamente necesario en la construcción de esta nueva institucionalidad es el respeto y el afecto. La empatía política entre los miembros de la coalición será un espejo de la confianza que la ciudadanía puede tener en ella. El Estado populista se relaciona con la ciudadanía bajo el signo del hartazgo. La nueva institucionalidad debe cambiar eso por aprecio, atención e interés. La construcción  de esta nueva forma institucional tiene ventajas. Permitirá la continuidad de los partidos al mismo tiempo que construye un esquema que los supera y habilita nuevas incorporaciones. Podrá organizar de forma colaborativa la administración de los conflictos que surjan y además interpretar las modificaciones contemporáneas de la representación política, previendo mecanismos de agregación y empoderamiento no tradicionales. Las elecciones de este año son especiales. Es la primera vez desde la reconquista de la democracia que el eje de la discusión tiene una preeminencia política. Este es un escenario ideal para plantear los pasos que le faltan a la Argentina para completar su sueño democrático.