Los símbolos del populismo se despiden; llegan los del porvenir

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Esta nota fue publicada parcialmente en la edición del diario Clarín del 28.11.2015

Para algunos, la política no es una cuestión de ideas. Se reduce a un trabajo práctico en el que le va mejor a los que entienden que su naturaleza es vil, agonal e insatisfactoria. Son los mismos que suelen pensar en que el pensamiento imaginativo sobre un escenario cualquiera no puede tener otro destino que convertirse en una banalidad sin consecuencias.

Reducir la política a esas dimensiones es, en el caso argentino, una concesión importante al populismo, casi una declaración de victoria. Al mismo tiempo, es faltar al reconocimiento acerca de la vigorosidad del sentimiento de cambio y del peso que este tuvo al momento de configurar electorados, tanto en primera como en segunda vuelta.

Ese cambio, proveniente de la ciudadanía y luego reinterpretado con eficacia por los políticos profesionales, proviene de una esfera  cultural que necesariamente pone en dudas esquemas analíticos y acercamientos conceptuales.El populismo pretendió anclar las visiones sobre lo político en el pasado, generando una simbología sacrificial, trágica y épica. La contestación que los electores corporizaron en el nuevo gobierno de Cambiemos va a necesitar la construcción de una serie de símbolos relacionados nítidamente con el porvenir.

La eficacia del próximo gobierno reside mucho más en esa capacidad que en la de la política como ejercicio conservador de negociación más o menos espuria.

Macri es el presidente que llega a ese lugar con la menor cantidad de promesas concretas y cuya generación de expectativas puntuales es particularmente baja. Nadie cree que Macri sea un estadista providencial que vaya a curar ningún mal de palabra, ni que venga a salvar a nadie. Afortunadamente, el próximo presidente y quienes integran Cambiemos se han mostrado como personas normales que hacen de la política su profesión y cuya mayor virtud es reconocer esta situación y generar equipos y lógicas decisionales para tratar de superar problemas.

La primera conferencia de prensa de Macri, coral y con participación de la prensa, marcó un primer síntoma de distinción. Ya no es la palabra única, sacralizada e inefable del viejo representante de la política. Ese solo cambio genera más interés que, por ejemplo, la capacidad para arreglar con los sindicatos.

La actitud de Carrió y de Sanz también refieren a otro marco analítico. Incluso con los problemas que pueden traer estas decisiones, son actos de personas normales, discutibles, pero nunca desde los criterios de una real politik que todo lo tiñe de oscuridad y pesadumbre.

Está claro que el gobierno de Cambiemos deberá afrontar decisiones difíciles y que deberá weberianamente ofrecer su alma al diablo, pero no asumir que aún estas cosas pueden hacerse desde un margen cultural y simbólico distinto es una debilidad intelectual que debería evitarse. A menos que se quiera pagar el precio de la rendición incondicional a favor de un destino de fatalidad histórica o de persistir en que la Argentina solo puede ser gobernada por monstruos.

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Argentina en el camino de una gobernabilidad diferente

Baires, 04 de agosto de 2012.- El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, presenció hoy el partido amistoso que el seleccionado argentino de rugby Los Pumas disputó con el equipo francés Stade Français, en el estadio de Vélez Sarsfield, al que asistieron niños y jóvenes de distintos programas de inclusión social de la Ciudad quienes, inclusive, interactuaron con los jugadores. foto: Mónica Martínez/GCBA-Prensa

Esta nota fue publicada en el diario El País el día 19.11.2015

En Argentina existe un estado de ánimo que ha llenado bibliotecas, mesas de café y páginas de diarios y revistas. La idea general de la inexorabilidad del peronismo como único partido en condiciones de gobernar ha generado, con el paso del tiempo, una subclase de buscadores eternos del peronismo bueno.

Unos y otros se la han pasado,  y todavía se la pasan, buscando los argumentos que confirmen la hipótesis trágica de la política argentina bajo las mil formas del peronismo.

Una de las más sutiles formas de insistir con esta argumentación, es analizar las posibilidades de un próximo gobierno de Cambiemos desde una posición que privilegia la descripción cartográfica de los problemas frente a la posibilidad creativa de utilizar la imaginación y la acción política para solucionarlos.

Algunos, como Monseiur Jourdain del Burgués gentilhombre de Moliere, hablan en prosa sin saberlo. El señalamiento de las dificultades y las faltas es un ejercicio intelectual posible y legítimo, pero no es el único. Incluso, podría decirse que el más sencillo. Cualquier personas medianamente entrenada puede, si se detiene el suficiente tiempo, encontrar las fallas y las ausencias de cualquier proceso, discurso o práctica.

No hay ninguna posibilidad epistemológica de abarcarlo todo. Por lo tanto, los buscadores de errores cuentan con muchas ventajas prácticas. Afortunadamente, este no es el único camino reflexivo posible. La democracia liberal necesita de su dimensión experimental para crecer y esta requiere de una posición filosófica distinta, más apegada a metáforas de creación que de descubrimiento.

Cuál podría ser una manera que combine rigurosidad analítica con esperanza social y que colabore en pensar esta nueva etapa en Argentina? Existe realmente la posibilidad de dejar de mapear tragedias y permitirse la estimulante presencia de la imaginación política?

Creo que el dato central para esta inversión en los términos de la ecuación política hay que buscarlo en las modificaciones dentro de la cultura política argentina.

Si la coalición política Cambiemos, formado por el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica, un conglomerado que mezcla elementos republicanos y desarrollistas con chispeos esporádicos y difusos de liberalismo, logra imponerse frente a la exacerbación populista del Peronismo y su candidato, será porque algo de la cultura política argentina ha cambiado lo suficiente.

La tolerancia a las formas autoritarias y al salvajismo institucional ha sido hasta ahora muy fuerte en la Argentina, pero puede que su abuso haya generado los anticuerpos suficientes como para darle un corte.

Si sucede que Cambiemos logra ganar la elección nacional como lo hizo en la provincia de Buenos Aires, bastión del peronismo y principal fuente de su clientelismo político, el escenario se modifica sustancialmente y esto debe tener impacto en las formas de análisis y caracterización.

Si Cambiemos gana, tal vez será un buen momento para dejar de utilizar categorías rancias de análisis político y muy probablemente se abra la posibilidad de generar un dialecto democrático más tentativo, más dialógico y más contemporáneo.

De abrirse esa posibilidad, es necesario hacer los más fuertes esfuerzos para modificar la histórica relación entre ideas y política que existe en la argentina.

Formada en la tradición franco-renana, la intelectualidad clásica argentina se recuesta sobre el concepto de crítica y se siente cómoda en las épicas de la resistencia y la denuncia. Por eso, le resulta más fácil advertir sobre los peligros de la gobernabilidad no peronista que aportar para moderar y avanzar en la solución de estos problemas.

Si la cultura política argentina empieza a intentar cambiar,aquellos que trabajamos con las ideas debemos hacer nuestro trabajo con seriedad, creatividad y rigurosidad para colaborar en ese cambio. En nuestro país, fue la sociedad la que marcó el camino, colocando los límites que los pensadores nunca lograron poner. En mejor situación histórica, es necesario usar las ideas para imaginarse una sociedad diferente y acompañar un proceso de normalidad democrática.

Para que esto salga bien hace falta también que los partidos y los políticos profesionales cambian su forma de relacionamiento con las ideas. Deben abandonar la tentación de mirar al mundo de las ideas únicamente cuando se convierte en un coro de ángeles. La política debe estar dispuesta a dejarse pensar desde afuera y a que se le señale diferencias y discrepancias que discutan su primacía y su inefabilidad.

La colaboración entre el mundo de las ideas y el mundo político puede ser una de las herramientas posibles para la redemocratización argentina. Tal vez ayude a dejar de pensar que estamos destinados a la decadencia y la tristeza y nos anime a dibujar una sociedad distinta, más hospitalaria, más sensible, y más justa.