Artefactos y escenas para adivinar

grondonaSin título. 2017, óleo sobre seda natural, 130 x 285 cm.

Este artículo fue publicado el 27.10.2017 en la Revista Ñ

Hay una pregunta que va y vuelve. ¿Cómo diferenciar un artista del que no lo es? Es una interrogación difícil, que como todas las preguntas importantes no tiene una sola respuesta. Una posibilidad inicial es apelar a la emotividad. Si conmueve, estamos frente a un artista. Si bien no es falso del todo, a menudo las emociones nos hacen trampa. Sin abandonarla, tal vez un posible paso adelante sea el de advertir en los artistas una extraña manera de reformular algunas cuestiones – viejas y nuevas – que son las que modelan la experiencia artística.

La obra de Vicente Grondona ayuda a pensar estas preguntas centrales del mundo del arte desde un piso de contemporaneidad. Con la “lectura” de la obra de Grondona se puede tener a mano una respuesta posible sobre las tensiones planteadas por la representación y  sobre los  espacios formales del cuadro. Si bien su producción ha sido pasible de interpretaciones políticas, caracterizándola como una expresión artística con un matiz poscolonial,  lo que más resalta en ella es la ductilidad  y la importancia de los materiales. El uso recurrente de materias primas no convencionales para el uso artístico como el carbón y la seda reversiona la antigua tensión entre lo clásico y lo contemporáneo.

En la exposición de Vicente Grondona que puede verse en la Galería ZMUD hasta el 18 de noviembre el espectador puede plantearse estas preguntas o, sencillamente, dedicarse a mirar. En una muestra a escala humana, están reunidos 9 trabajos de buen formato entre las que destaca un sugerente colgante que combina sutileza con potencia metalúrgica en proporciones variables.

El nombre de la exhibición, Autopaisaje, resulta una buena síntesis. Las obras, todas de este año, recorren el usual universo de Grondona. En las pinturas sobre tela pueden verse esos trazos parecidos a grafismos que se conectan para formar algo más grande y más legible. Una combinación nada convencional entre la sofisticada porcelana oriental y el paisajismo europeo de finales del siglo XVIII, en realidad dibujan escenas que hasta pueden adivinarse como telúricas. Un árbol en medio de la llanura, un perro, unos caballos y algunas personas dispuestas en solitario forman los paisajes del artista combinando, una vez más, distintas temporalidades, tonos y discursos estéticos. Estos paisajes de Grondona recuerdan vagamente – con menos definición figurativa –  a Mauricio Rugendas o a los pintores nacionalistas menos académicos del nacimiento del arte argentino.

Si estos son los paisajes del título de la muestra, el colgante sirve para completarla. Se trata de una figura tridimensional hecha de autopartes -madera, metal y carbón- de más de un metro por lado, que esconde la forma de una araña entre sicodélica y autóctona. Entre el muelle de un amortiguador y el trenzado metálico emergen un gran trozo de carbón y 5 cabezas talladas en el mismo material, con rasgos fuertes y angulosos que dibujan una figura que bien podría ser una estrella. Colgada en medio de la Sala 01 de ZMUD, domina la escena y nos hace girar en derredor.

grondona1

Además de los paisajes y Autopartes, otras dos obras se distinguen en la muestra. En el primer espacio de la galería, el que está dominado por la araña, hay una obra de 1,90 mt x 1,40 mt que es la más interesante de la exposición y que refuerza la importancia que tienen para Grondona la exploración y el juego con los materiales. Es una tela de lamé que el artista dejó en su taller expuesta al polvo de carbón que utiliza en sus trabajos. Cuando estuvo cubierta de esa “suciedad” convertida en soporte, fue quitando con una aspiradora los restos de polvo dibujando sobre él y dejando que aparezca el brillo de la tela. El resultado estético es espléndido, otra vez los grafismos dan paso a una estampa tranquila que logra mucha fuerza gracias al contraste entre el oxido surgido del lamé y los oscuros del polvo de carbón.

Detrás de la sala principal de la galería se abre un pasillo estrecho. Al fondo, una figura con evocaciones totémicas ocupa todo el ancho y supera los 2 metros de altura. Sobre un soporte rígido, Grondona construyó volumen montando una tela con carbón y pigmentos hasta lograr una base de trabajo que sale del soporte original como interpelando al espectador. Para alcanzar el resultado final, usó una amoladora de mano a modo de cincel logrando un rostro agrisado y potente. La profundidad de los cortes, menor a anteriores trabajos del artista, presenta un personaje un tanto más amable, sin que por ello pierda fuerza y expresividad.

En la galería ZMUD se queda el arte de Vicente Grondona. Al abandonarla me enfrento con esa otra forma del arte que es la modificación de la trama urbana. La escena del arte contemporáneo en Buenos Aires está cambiando lenta pero inexorablemente. La sociología, siempre dispuesta a simplificar, ha construido el concepto de gentrificación para explicar un fenómeno que no es otra cosa que una nueva manifestación de la estética. Unir un punto y otro de esta trama es andar una parte de la ciudad que tiene, todavía hoy, más verdulerías y bares desvencijados que galerías de arte, al menos por ahora.

 

Galería ZMUD

Autopaisaje, de Vicente Grondona

05 octubre – 18 noviembre, 2017

Bonpland 721, Buenos Aires

Martes a sábados de 14 a 19h

 

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