Futbol, futbol, futbol

Esta nota fue publicada en revista Ñ el 25 de mayo de 2018

El futbol puede ser muchas cosas. Puede ser una muestra de elegancia y estilo y al minuto convertirse en una tediosa conversación plagada de obviedades y de confirmaciones de una forma de la masculinidad en franco retroceso. Puede ser objeto sociológico y un vehículo para mostrar lo peor de la relación entre política y violencia.

Entre tantas cosas, el futbol puede ser, también, una muestra de arte contemporáneo. Así lo demuestra la Fototeca latinoamericana con la exposición Mundo Futbol, en la que más de 30 artistas hilan un itinerario muy variado entremezclando fotografías conocidas con obras de otros registros y fotos de antiguas glorias futboleras.

El mérito de Pablo Cabado, el curador de la muestra, es el de haber podido unificar el lenguaje estético de la exposición en un marco de diferencias de estilo, registro y tono muy marcados. Su trabajo con la relación espacio-temporal resulta especialmente eficaz. El área expositiva de FOLA presenta siempre un desafío para los formatos habituales de la fotografía. Disponer obras de dimensiones relativamente pequeñas en una sala de 500 metros cuadrados puede traer dificultades para mantener un discurso amable y a la vez sugerente. Cabado logra hacerlo, en este caso, apelando a mostrar en los distintos planos de la sala obra de temperamentos incomparables y desarrollos formales muy disimiles.

Al interior de Mundo futbol se pueden establecer varias clasificaciones. Una de ellas es la que existe entre los futbolistas profesionales convertidos en celebrities todo terreno y aquellos que juegan a la pelota como una experiencia casi de resistencia. Esa resistencia no es política, o al menos no lo es desde su dimensión colectiva. Es más bien una potencia que reside, en todo caso, en la capacidad de respuesta del héroe individual que juega a pesar de todo. El espectador podrá ver fotos de Diego Armando Maradona o de Zinedine Zidane pero también verá fotos de habitantes sin nombres rutilantes que arman un campo de juego en un desfiladero o al costado de una inundación inaudita. Ese contraste es, además, el contraste del mundo real del futbol en tanto negocio y en tanto esperanza de ascenso social. Después de todo, entre el protagonista de una y otra foto tal vez no haya tanta diferencia.

La exposición rescata fotografías de génesis artística y otras que fueron concebidas como un documento con base periodística. Hay muchas fotos de revistas deportivas, como El Gráfico, en la que se pueden ver figuras del futbol de otros tiempos y se puede, además, corroborar la persistencia de algunas costumbres. Por ejemplo, nos enteramos que esto de los jugadores saliendo con niños al campo de juego no es nuevo y ya se hacía en los años 20.

Cada oración del texto de la muestra combina las obras como si se tratase de un juego de palabras más parecido a la poesía concreta que a un ejemplo de análisis sintáctico escolar. A una foto enmarcada prolijamente le sucede un lienzo sepia con una pelota de gajos en la base de la fotografía y otra similar en el piso, como queriendo demostrar que todo se puede salir de contexto. Más allá un juego de fotografías en blanco y negro y unas esculturas de pared que actúan de puntos suspensivos.

Estas esculturas, obras de Carlos Herrera, son uno de los puntos altos de la muestra. Se trata de una serie de botines de futbol ensunchados – formando una suerte de corazones, o de escudos de club – en los que se contiene otros elementos indispensables del universo deportivo: Camisetas retorcidas y pelotas pulpo, esas de goma con rayitas que tanto picaban si te daban en el muslo descubierto. Los cordones desatados, colgando al costado, remedan la rebeldía del wing o la desfachatez no exenta de riesgo físico de un volante de esos que juegan con las medias bajas.

Dentro de las obras que no respetan la ortodoxia del registro fotográfico hay una de Nicola Costantino, del año 2000 y dentro de su Peletería Humana. Para esta serie, que fue presentada en la Bienal de San Pablo y en la galería Deitch Project del Soho neoyorquino, la artista preparó 4 pelotas de futbol con tetillas masculinas realizadas con un simil piel de silicona y cuero, una de las cuales se muestra en Mundo Futbol. Quitada del contexto integral de la serie, esta pieza se reinscribe gracias al guión de la exposición y toma otra dirección, más centrada en el propio objeto que en su particular concepción artística.

Un impacto similar tendrá el visitante con otra de las obras que están por fuera de lo fotográfico tradicional. Del interesante Vik Muñiz se puede ver Edson, una impresión de casi dos metros de lado en la que en el particular modo del artista se distingue la figura de Pelé. Este trabajo es del año 2003 y forma parte de una serie titulada Pictures of Magazine en la que Muñiz trabaja inicialmente con materiales orgánicos como chocolate, caramelos y café, para luego tratar las imágenes técnicamente buscando confundir las idea de representación y presentación hasta un límite de ambigüedad tolerable. Obras de este temperamento se vieron en 2015 en la gran exposición dedicada a Vik Muñiz en el MUNTREF.

Dentro de las muchas buenas obras de formato periodístico que reúne la exposición, me gustaría destacar, por varias razones la dedicada a Eduardo ¨Pibona¨ Alterio, un excéntrico arquero que, además del dato de color de ser el tío del actor Héctor Alterio, fue el primero dentro del futbol profesional en marcar un gol de penal. El pobre Pibona, además, se había quedado completamente sordo fruto de un mal rebote y del encontronazo entre su oído y el botín riguroso de un futbolista de Vélez Sarsfield probablemente apellidado Spraggón. La foto, hermosa en su pequeñez, muestra la volada espectacular del arquero hacia la pelota en una escena ficticia y producida. La sombra del hombre y de la pelota aparecen casi dibujadas sobre una carpeta mullida, lista para amortiguar el golpe del golero. La foto es de 1932.

Esta muestra y su objeto no pueden haber encontrado un mejor momento para presentarse. Dentro de unas pocas semanas el mundo va a entrar inexorablemente en su cuatrienal epifanía futbolística con el mundial de Rusia y su componente global y expansivo hará que públicos habitualmente poco interesados, se vean convocados por el deporte y sus aspectos más espectaculares. En este sentido, la muestra de FOLA es una muy buena manera de relacionarse con el  fenómeno y sentirse, al menos lateralmente, parte de la fiesta de todos.

 

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