El mejor presidente de la historia

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 Esta nota fue publicada originalmente el 8 de setiembre de 2014 en Bastión Digital

El próximo presidente puede ser el mejor presidente de la historia. También puede ser un anodino administrador de la decadencia. Otra posibilidad es que sea un cretino sin remedio.

Nada hace pensar que los porcentajes para que ocurra una u otra cosa se encuentren repartidos en forma equitativa, pero lo verdaderamente extraño es que estamos en un momento donde es posible pensar al próximo presidente como una rareza positiva. El tamaño del daño que le han causado al país estos diez años de populismo es tan enorme que la tarea de restauración, en caso de haberla, tendrá que tener un sentido de grandeza similar.

Si el próximo presidente es capaz de redefinir los términos de la ecuación entre libertad y ciudadanía y extiende ese talento a la mayor cantidad de dimensiones posibles, estaremos frente a un ejercicio inédito. La recuperación del sentido de la responsabilidad política puede tener un efecto pedagógico cuya importancia no se alcanza a percibir.

La normalidad será revolucionaria. El aburrimiento nos ayudará a buscar e inventar mundos nuevos con palabras y acciones nuevas, desentendiéndonos del discurso diario del Estado. Cuando el próximo presidente no nos obligue a pensar todo el tiempo en él, podremos dibujar paisajes diferentes, abrir empresas, imaginarnos revistas y fracasar tranquilos.

Si el próximo presidente termina de saldar nuestra vieja disputa nacional a favor de la civilización, empezaremos a conversar de nuevo con occidente, seremos amigos de los amigos y enemigos de los enemigos de la libertad.

Si el próximo presidente utiliza otras palabras, se mueve distinto, entiende la naturaleza esquiva del poder democrático y es responsable frente a nosotros, lo vamos a querer tanto que va a poder discutir con los sindicatos qué tipo de país queremos y con los activistas cómo protestar sin feudalizar el espacio público.

El presidente que viene puede torcer el camino de inutilidad que recorre hoy la palabra. La puede volver una cosa necesaria, una herramienta para construir una conversación amplia, dinámica, inexacta y poderosa.

Podrá combinar la poesía con la ciencia para ver qué pasa. Y podrá mirar el futuro con los ojos nuevos de una agenda profunda que vincula la tecnología con la experiencia democrática. Un presidente del siglo XXI, con la cabeza abierta y la sensibilidad atenta al futuro y no al pasado.

El próximo presidente podría reconocer a las generaciones que otros no vieron y arrinconaron en la indignidad para evitar continuar con la violencia permanente de la clientela política y la captura de la voluntad personal. El presidente que viene puede ser un humanista, un animal humano preocupado por el sufrimiento ajeno, empático, laborioso e imaginativo. Un presidente así sabe que su obligación es lograr que todos tengamos una sola certeza, que nuestros hijos van a vivir mejor que nosotros y así, siempre de siempre.

El próximo presidente podrá hacernos pensar que no somos monstruos necesitados de monstruos. Podría reconciliarnos con nuestra vida y nuestros proyectos privados sin que la política se meta, buscona y cruel, en cada cosa que hacemos. Podría gestionar lo público y además ir a ver con su familia una muestra de arte contemporáneo, o un festival de jazz o una película linda. Puede hacer una gestión desde la amistad y sin comprometerse con la fealdad.

El próximo presidente podrá rearmar el amor por la patria sin necesidad del nacionalismo, podrá caminar con Borges, con Le Parc y Kosice, con Deodoro Roca y Sarmiento. Podrá hacer que el mundo hable bien de nosotros, que les parezcamos seres normales y amables, dignos de respeto.

Del mismo modo en que la historia le tiene reservado un lugar a Raúl Alfonsín como el artesano genial de la democracia argentina, el próximo presidente puede ser el mejor de la historia si logra redemocratizar la vida pública argentina y revertir el camino inevitablemente tembloroso y descendente que hemos tomado desde hace demasiado tiempo.

El próximo presidente puede ser el mejor de la historia, hay una ligerísima posibilidad de que así sea, apoyada en ningún dato, en ninguna encuesta y en ninguna evidencia. Sólo se afirma en la esperanza y en la necesidad. Otra posibilidad es que el próximo presidente sea un cretino sin remedio. O puede ser la nada misma.

 

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