Acuerdo UCR-PRO, una oportunidad

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 Esta nota salió originalmente publicada en la sección Debates del diario Clarín del 30 de marzo de 2015

Los escenarios políticos en Argentina son cualquier cosa menos previsibles. Lamentablemente, no hemos alcanzado aún ese desarrollado aburrimiento de las democracias consolidadas. Una foto, un gesto, una intervención imaginativa en las redes sociales, pueden causar un cimbronazo y modificar el contexto. El resultado de la convención radical ha modificado la escena, con una decisión que también está fundada en ideas. La voluntad de este acuerdo político es terminar con el ciclo populista y anteponer la democracia a cualquier narrativa específica, planteándose desde una perspectiva pluralista.

El desafío abierto es el de construir los anticuerpos para moderar las tentaciones populistas –verdadera marca cultural de la política argentina- y actuar de modo liberal y republicano. Más allá del resultado electoral, el acuerdo no populista deberá tener la sensibilidad y el talento como para construir el barco al mismo tiempo en que se navega.

El reconocimiento de esta complejidad es, también, el de la hermosa oportunidad de experimentación que un acuerdo de este tipo propone.

Un nuevo ciclo puede abrir una oportunidad para modernizar el sistema político argentino. La reciente coalición se formula desde la crítica institucional, y por lo tanto, ese debería ser el eje de su construcción identitaria Un proyecto que se cimenta desde lo institucional se coloca a sí mismo en un lugar de originalidad, aún hoy, cuando ya han pasado treinta años de ejercicio democrático. La ciudadanía estará mirando con atención lo que se haga para dibujar una institucionalidad mejorada. Si lo que se plantea es la novedad sería deseable que la fuerza política que encarne ese cambio sea la primera en someterse a los desafíos que platea una institucionalidad distinta.

Lo que aparece como estrictamente necesario en la construcción de esta nueva institucionalidad es el respeto y el afecto. La empatía política entre los miembros de la coalición será un espejo de la confianza que la ciudadanía puede tener en ella. El Estado populista se relaciona con la ciudadanía bajo el signo del hartazgo. La nueva institucionalidad debe cambiar eso por aprecio, atención e interés. La construcción  de esta nueva forma institucional tiene ventajas. Permitirá la continuidad de los partidos al mismo tiempo que construye un esquema que los supera y habilita nuevas incorporaciones. Podrá organizar de forma colaborativa la administración de los conflictos que surjan y además interpretar las modificaciones contemporáneas de la representación política, previendo mecanismos de agregación y empoderamiento no tradicionales. Las elecciones de este año son especiales. Es la primera vez desde la reconquista de la democracia que el eje de la discusión tiene una preeminencia política. Este es un escenario ideal para plantear los pasos que le faltan a la Argentina para completar su sueño democrático.

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